Mientras que la mayoría de los relatos de viajes en el tiempo tratan las paradojas temporales como simples fallos mecánicos de la trama, Dark llevó el concepto hasta su extremo biológico definitivo. Los creadores Baran bo Odar y Jantje Friese tejieron un laberinto de parentescos donde los habitantes de Winden eran literalmente sus propios antepasados genéticos.

El exponente más radical de esta anomalía es el bucle entre Charlotte y Elisabeth Doppler. En la segunda temporada, los espectadores descubrieron una revelación que desarmaba cualquier lógica causal: Charlotte Doppler es la madre biológica de Elisabeth Doppler, pero Elisabeth —tras sobrevivir al apocalipsis de 2020 y unirse con el joven Noah— da a luz a una bebé a la que nombran Charlotte. Cuando la recién nacida es enviada a 1971 para ser criada por el relojero H.G. Tannhaus, el círculo se clausura: la madre es hija de su propia hija, y la hija es madre de su propia madre.

Este uróboros biológico contamina a toda la comunidad. La desaparición de Mikkel Nielsen en 2019, que lo traslada a 1986 para convertirse en Michael Kahnwald y engendrar a Jonas, convierte a Jonas en sobrino biológico de su gran amor, Martha Nielsen. Asimismo, la unión entre Jonas y la Martha alternativa engendra al misterioso personaje del labio leporino (El Origen), quien a su vez engendra a Tronte Nielsen, convirtiendo a todo el linaje Nielsen en un bucle cerrado sin punto de partida genético.

Al demostrar que estas estirpes carecían de origen causal, la serie preparó el terreno para la inevitable melancolía de su desenlace. En la cena final del Mundo del Origen, cuando Hannah contempla el impermeable amarillo y piensa en el nombre 'Jonas', los espectadores comprenden que familias enteras eran ecos imposibles de un engranaje roto que por fin encontró reposo.