A lo largo de sus dos primeras temporadas, Dark convenció al público de que el lazo eterno entre Jonas Kahnwald y Martha Nielsen constituía una ley física inquebrantable: un bucle infinito carente de principio y final. Sin embargo, en su deslumbrante desenlace, los creadores Baran bo Odar y Jantje Friese ejecutaron uno de los giros más brillantes de la televisión al revelar que ni el mundo de Jonas ni el de Eva eran la realidad primordial.
Ambas dimensiones eran realidades aberrantes nacidas de un único cataclismo en el Mundo del Origen. En 1986, tras perder a su hijo Marek, su nuera Sonja y su nieta Charlotte en una noche de tormenta junto al puente, el relojero H.G. Tannhaus canalizó su inconsolable aflicción en la construcción de una máquina temporal subterránea. Al activarla en su taller, no viajó al pasado; desgarró su propio universo, engendrando dos mundos paralelos moribundos atrapados en un bucle perenne de sufrimiento.
Esta revelación resignifica el símbolo de la triqueta que acompaña a Winden desde el comienzo. Adam y Eva creían librar una contienda ideológica entre preservar o destruir sus respectivos mundos, sin advertir que eran simplemente las dos hojas de un bucle infinito anclado a un tercer vértice invisible: el Mundo del Origen.
Cuando Jonas y la Martha alternativa cruzan el umbral dimensional y viajan al Mundo del Origen en la noche del accidente, la serie trasciende la ciencia ficción clásica para convertirse en una conmovedora reflexión sobre la aceptación del duelo. Al disuadir a Marek Tannhaus de cruzar el puente bajo la lluvia, evitan la tragedia familiar original, asumiendo su propia desaparición pacífica para permitir que la realidad primigenia vuelva a sanar.