La cuarta temporada de Slow Horses, adaptación de la novela 'Spook Street' de Mick Herron, consolidó a la producción de Apple TV+ como la cumbre del espionaje británico contemporáneo: una lección de maestría interpretativa donde la decrepitud de Slough House humilla repetidamente la arrogancia de Regent's Park.

El episodio 'Hello Goodbye' cerró la cacería de Frank Harkness (Hugo Weaving), el mercenario y antiguo agente renegado de la CIA que entrenó a un escuadrón de asesinos criados como sus propios hijos biológicos. El enfrentamiento familiar entre Harkness y River Cartwright (Jack Lowden) alcanzó una dimensión trágica conmovedora, confrontando a River con la terrible verdad de sus orígenes genéticos frente al legado moral de su abuelo David (Jonathan Pryce).

Sin embargo, el triunfo definitivo perteneció una vez más a Jackson Lamb (Gary Oldman). Mientras Diana Taverner (Kristin Scott Thomas) buscaba una salida política limpia para enterrar el escándalo institucional, Lamb neutralizó las cartas de inmunidad de Harkness al desmantelar silenciosamente su piso franco y sus armas de chantaje.

Con un humor negro cáustico, calcetines agujereados y una fidelidad inquebrantable hacia sus descartados agentes, Jackson Lamb demostró por qué es el espía más peligroso y fascinante de la televisión mundial.