Justo cuando la embajadora Kate Wyler (Keri Russell) y el ministro de Exteriores británico Austin Dennison (David Gyasi) creían haber desenmascarado al primer ministro Nicol Trowbridge como autor intelectual del ataque contra el portaaviones HMS Courageous, los minutos culminantes de la segunda temporada de The Diplomat ofrecieron uno de los giros geopolíticos más implacables de la televisión contemporánea.

En la secuencia culminante de 'Dreadful People', la vicepresidenta Grace Penn (Allison Janney) confiesa con escalofriante serenidad en los jardines de la finca campestre: Trowbridge desconocía por completo la maniobra. Fue la propia Penn quien autorizó encubiertamente el ataque con el objetivo de frenar el referéndum de independencia en Escocia, salvaguardando así la base nuclear naval de la OTAN en el Atlántico Norte. Lo que aparentaba ser una agresión externa fue en realidad una despiadada operación de contención geoestratégica orquestada desde Washington.

La tragedia alcanza su punto álgido en los instantes finales. Cuando Hal Wyler (Rufus Sewell) comunica la confesión de Penn al presidente William Rayburn (Michael McKean), la conmoción desencadena un ataque cardíaco fulminante en el veterano mandatario. Su repentina muerte activa de inmediato el protocolo de sucesión previsto en la 25ª Enmienda constitucional.

En cuestión de segundos, los convoyes del Servicio Secreto acordonan el perímetro y los agentes saludan protocolariamente a Grace Penn como 'Señora Presidenta'. Kate Wyler queda paralizada sobre el césped escocés: la líder que pretendía llevar ante la justicia asume el mando supremo del mundo libre, convirtiendo toda su influencia diplomática en una trampa mortal de cara a la tercera temporada.