En el noveno episodio de la tercera temporada, The Lincoln Lawyer entrega uno de sus capítulos más rigurosos desde la perspectiva del procedimiento penal anglosajón.
Mickey Haller enfrenta a los peritos forenses del condado en relación con las huellas dactilares halladas en la mesa de cristal del apartamento de Glory Days. A través de un interrogatorio milimétrico, Haller demuestra que los agentes fijaron la escena buscando encajar a La Cosse como sospechoso en lugar de seguir las pautas científicas objetivas.
El capítulo también consolida a Lorna Crane en su nuevo rol profesional como abogada recién colegiada. Su capacidad para anticipar los movimientos procesales del fiscal Forsythe y coordinar los traslados de testigos en el juzgado aporta el contrapunto táctico indispensable al carisma de Mickey.
Con una puesta en escena que privilegia las miradas tensas del jurado y la economía en el uso de planos sonoros, la serie de David E. Kelley reafirma su estatus como el drama de abogados más adictivo de la televisión actual.